viernes, 24 de enero de 2014

Nosotros, los otros y la mentira de la noble igualdad

La aparición de barrios cerrados constituye un fenómeno urbano que ha tomado gran relevancia en las últimas décadas en diversos países, por ejemplo, en  Argentina la aparición de barrios cerrados empezó en la década del 90, junto con la expansión del modelo neoliberal que impulsara el Presidente Justicialista Carlos Saúl Menem.

El origen de estos barrios  está asociado a diversas causas, siendo la violencia y la inseguridad urbana las más recurrentes al momento de explicar este fenómeno, sin embargo, a mi entender son pseudo justificaciones, ya que estas problemáticas la vivimos todos los argentinos. Adjudicaría la proliferación de estos barrios  a un anhelo de aislarse del "otro", de constituirse como un estrato distinto, si se quiere "superior" de la sociedad.

Creo que es más importante centrar el análisis en las consecuencias, principalmente en términos del tejido social y del proceso de segregación social urbana que está implícito en su desarrollo, como así también el impacto ambiental que generan.



Conceptualización de los barrios cerrados

Estos barrios son áreas residenciales cerradas por muros y barreras que cuentan con vigilancia las 24 horas del día. Los dispositivos de seguridad impiden el libre acceso a ellos por parte de los no residentes. Un concepto de seguridad parecido al de una base militar. 

La privatización del espacio urbano, anteriormente público, es lo que los distingue como nuevo fenómeno residencial urbano. Esta privatización se encuentra avalada por legislación ad-hoc.




La mayoría de ellos se sitúan en las áreas suburbanas, donde hay tierra disponible para la realización de este tipo de emprendimientos. Esto ha generado un importante cambio en los patrones de uso del suelo urbano, ya que anteriormente eran los barrios construidos con subsidios estatales, destinados a los grupos sociales de menores ingresos, los que se ubicaban en la periferia de la ciudad.

Por otra parte, los barrios cerrados generalmente se encuentran ubicados cerca de vías rápidas de circulación para facilitar el desplazamiento desde el lugar de residencia hacia las áreas centrales de la ciudad donde se desarrollan las actividades cotidianas. 



Asimismo, al estar localizados en zonas periféricas de la ciudad, en muchas ocasiones, los barrios cerrados se encuentran cerca de villas miserias, lo que hace que los contrastes sociales se tornen más evidentes. Cuando digo evidente, sin dudas es para el ciudadano común, ya que el Estado parece no percibirlo, más allá de tener un discurso nacional, integrador y, sobre todo, popular.




Consecuencias sociales y espaciales de los barrios cerrados
    
En lo que respecta al espacio urbano, las principales consecuencias se refieren a la fragmentación del espacio urbano producido, en donde los barrios son fácilmente identificables a partir de la existencia de elementos que marcan claramente los límites de estos barrios: barreras, murallas, cercos de alambre y garitas de seguridad, entre otros.

La privatización del espacio público y su apropiación es uno de los efectos más importantes de los barrios cerrados. Ella significa no sólo la apropiación de unos pocos de algo que fuera anteriormente de todos (calles, veredas, plazas), impidiendo el libre acceso a ellos, sino además, la pérdida de significación social de los espacios públicos y el desprecio de todo lo que es público en la ciudad abierta. Por otra parte, en muchas ocasiones, se localizan en tierra con alta capacidad agrícola, que sin embargo es destinada a la actividad inmobiliaria por ser esta última más rentable para los desarrolladores urbanos.

Hay quienes destacan como positivo en la instalación de barrios privados en la periferia de las ciudades,  en que ellos facilitan la instalación de infraestructura y servicios básicos en la zona circundante. Claro que no hacen mención a que esta infraestructura montada es en torno a estos barrios.

La creación de empleos también es tenida en cuenta como aspecto positivo, lo que vale aclarar es los tipo de empleos que genera no son remunerados de la mejor manera, ya que el sueldo que perciben jardineros, guardias y servicio doméstico, entre otros, no alcanza más que para cubrir la canasta básica. Algo indignante si  se tiene en cuenta el poder adquisitivo de los propietarios.

El proceso de segregación social urbana

La desigualdad social, referida a la existencia de profundas e injustas diferencias entre los distintos grupos socioeconómicos en cuanto al acceso a recursos y oportunidades, es una de las características de las sociedades capitalistas. Ella conduce a una situación de fragmentación social, entendida como divisiones en el tejido social y el debilitamiento e incluso desaparición de lazos sociales entre los diversos grupos socioeconómicos, como así también una escasa movilidad social.  La segregación residencial es uno de los resultados de este proceso de fragmentación social  urbana. 

Sin embargo, el fenómeno de la segregación no es nuevo; por el contrario, es inherente a la historia de las ciudades. La segregación social urbana puede entenderse como la separación espacial de los diferentes grupos sociales en una ciudad o un área geográfica de acuerdo a diferencias étnicas, religiosas, de ingresos, etc. De esta forma, es posible visualizar en una ciudad los diferentes barrios donde cada grupo social tiene su propio espacio determinado. En el caso de la segregación basada en diferencias de ingresos, las relaciones de poder y subordinación se tornan evidentes. Los grupos de altos ingresos tienen la posibilidad de elegir su localización residencial, mientras los grupos más empobrecidos son segregados en las zonas más desfavorecidas.



La segregación endurece las diferencias y divisiones sociales. El aislamiento social, geográfico y económico reduce las oportunidades laborales y aumenta la vulnerabilidad social. No sólo se trata de una separación o aislamiento de otros miembros y grupos de la sociedad, sino también de recursos y servicios (empleos, servicios sociales, infraestructura, etc.) y en este sentido, la segregación espacial puede conducir a la exclusión social.


Daño ambiental

En una entrevista (ver fuentes) el geógrafo Diego Ríos, investigador del CONICET, precisó que estos barrios “se localizaron en áreas de influencia del sistema de autopistas metropolitanas, especialmente, en tierras periurbanas de usos productivos de baja inversión de capital como es el caso de importantes zonas frutihortícolas, entre otras”.

En este sentido, puntualizó que además de esa pérdida de suelo fértil, la expansión de estos barrios provocó otras reacciones adversas como las que se derivan de “la urbanización de áreas inundables correspondientes con los valles de inundación de los ríos y arroyos que atraviesan la metrópoli de Buenos Aires”.

El sistema de urbanización que se utilizó en esas áreas es el de “grandes rellenos” y con esa técnica “se elevó el nivel de cota de las zonas destinadas al uso permanente con material de aporte obtenido, en su mayoría, de los propios lagos que se construyeron al interior de estos emprendimientos”.

Destacó que “la cuenca baja del río Luján, próxima al área de influencia de la autopista Acceso Norte, es donde este proceso fue notablemente más intenso; en esa cuenca la velocidad y expansión del crecimiento de urbanizaciones cerradas fue inédito”.
De este modo, “a comienzos de los años `90 la superficie ocupada por este tipo de emprendimientos inmobiliarios en esa cuenca era de poco más de 300 hectáreas, mientras que a fines de la década pasada se había incrementado en más de 7.000 hectáreas”.

“En los partidos de Tigre, Escobar, Pilar y Campana pareciera que este fenómeno todavía no tiene fin”, enfatizó.

Precisó que los servicios ambientales que brindaban esta áreas inundables, como “la depuración de aguas, la reproducción de especies biológicas o la regulación hidrológica” se perdieron producto del desarrollo de esta nueva topografía asociada con los grandes rellenos.

“La disminución de superficies de retención de los excesos hídricos de ríos y arroyos que atraviesan la metrópoli como los causados por sudestadas del Río de la Plata, se destaca entre las pérdidas funcionales más importantes que brindan los humedales para nuestras sociedades urbanas”

En relación con la gente afectada por estas construcciones, el investigador puntualizó que “desde que comienzó el proceso de urbanización en Tigre, las inundaciones afectaron a su población de manera diferencial”.



Al describir la nueva geografía del lugar, señaló que “en muchas zonas de esas áreas inundables conviven lado a lado urbanizaciones cerradas sobre grandes rellenos, con asentamientos informales en donde existen algunas viviendas adaptadas a esas condiciones de inundabilidad y otras sin ningún tipo de sistema de mitigación”.

Dijo que además de esas condiciones topográficas diferenciales, también es diferencial la capacidad económica, social, política que tiene cada grupo para hacer frente a los desastres.

En relación con la expansión de estos barrios a pesar de los daños ambientales y sociales, Ríos mencionó el desarrollo de importantes negocios que se realizan con los peores suelos.

“La irresponsabilidad de las empresas desarrolladoras fue acompañada de una porosidad administrativa a cargo de organismos provinciales y municipales que, a pesar de contar con normativa específica que limita la urbanización y las transformaciones de esas áreas inundables en materia urbanística, ambiental e hídrica, posibilitó, en la mayor parte de los casos, el avance silencioso de estos emprendimientos inmobiliarios”, dijo.

En este marco, añadió que “en menor medida cabe cierta responsabilidad a los grandes medios gráficos que desde los años noventa a esta parte vienen promoviendo las urbanizaciones cerradas y su estilo de vida "en contacto con la naturaleza", sin mencionar una sola nota crítica sobre este fenómeno en sus suplementos countries de los sábados”.



Durante estas dos décadas, fueron pocas las crecidas que generaron inundaciones en las zonas donde se expandieron los barrios cerrados, aseguró el geógrafo, quien no descarta posibles anegamientos en el futuro que podrían perjudicar a los mismos habitantes de los barrios privados.

Pero “los que se encontrarán en una situación notoriamente más dramática son los grupos que habitan por fuera de las urbanizaciones cerradas, muchas veces en zonas donde han quedado encerrados entre rellenos y otras obras, como es el caso de las viales, dificultando con ello la dinámica hídrica”, agregó.

Y en este sentido, expresó que “lamentablemente, en un futuro -próximo o lejano- las imágenes de las consecuencias sufridas por el huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleáns podrían reproducirse, con sus particularidades, para el caso de Tigre y el resto de los municipios de la baja cuenca del río Luján”


El caso de Tigre:

  
Sonia Vidal Koppman, investigadora del CONICET indicó que Tigre es el segundo municipio del conurbano bonaerense en términos de espacio ocupado por countries. El primero es Pilar.

El ejemplo paradigmático de Tigre es Nordelta, con 1.300 hectáreas, y una población programada de 130 mil personas que en la realidad no supera a los 5 mil.


¿El Estado no llega a Nordelta?

Nordelta no surgió de la nada: hubo un plan estatal en los 80, que preveía una extensión del partido donde se iba a construir un sitio de buenas condiciones para diferentes clases sociales, que incluía una gran cantidad de viviendas sociales. 

Con la reestructuración del Estado en los 90, esa idea se desechó, y surgió Nordelta, algo mucho más exclusivo, sólo para ciertos estratos. Cuando empezó Nordelta, se hablaba de que, una vez terminada su construcción, se abriría el acceso. Pero este convenio no se cumplió, porque siempre hay una obra en construcción.

Lo que es crítico no es sólo Nordelta sino toda la legislación que se ha ido creando en torno a los countries, y que en la última década no ha cambiado sustancialmente. Hubo un caso a fines de los 90, principios del 2000, cuando el club universitario de la UBA (CUBA), en el partido Malvinas Argentinas, cerró su perímetro para constituirse como barrio cerrado, pero se rompió el cerco, el intendente se introdujo en el barrio cerrado y no lo dejó constituirse como tal, porque iba a defender la sensibilidad pública del espacio construido. 

La cuestión pasa por pensar qué es lo que consideramos de acceso público, y qué de acceso privado. Podemos ver el mundo a partir de una teoría liberal, según la cual la selección del sitio donde vivimos no responde a nuestro dinero, sino a nuestra voluntad. 

Entonces, se dice que las clases populares quieren vivir en mal. La injusticia espacial y social está en que no se permite acceder a las personas que viven alrededor de Nordelta a los espacios verdes. No existe ninguna razón por la cual se constituya un barrio cerrado como tal. La provisión de seguridad y de servicios debería ser pública, y en tal caso, todos los cercos que existan deberían ser abolidos.  Hay personas que para poder llegar a su casa tienen que desviarse mucho, porque todos los accesos a su barrio están vedados por los countries. Esa es una forma de construir una injusticia espacial terrible.



¿El Estado “deja hacer”?

El problema es que los countries son un gran negocio inmobiliario y necesariamente el Estado se beneficia. Cada obra paga un porcentaje de construcción, hay costos de trabajo, se paga IVA, y hay toda una suma de dinero que entra al Estado por permitir la construcción de los countries.

Vivir "bonito"...














Fuentes:

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