martes, 24 de junio de 2014

Geografía de la liberación

GEOGRAFÍA DE LA LIBERACIÓN


La tesis principal desarrollada por el autor en la geografía de la liberación humana se 
dirige a la secularización de la geografía desde una mirada de supuesta ciencia 
marxista, en otras palabras lo que se conoce como método marxista presente, en lo 
político, y con una tradición anarquista. Dicha secularización concilia los 
planteamientos de Kropotkin y Marx en forma y fondo que plantea una resistencia 
alternativa para el siglo XXI con fines en la distribución y entendimiento espacial en lo 
colectivo. 

Estos fines no son de carácter general, es más, su idea es que la concepción de ese 
fin último finito debe transformarse gracias a los contextos de las formaciones sociales 
existentes. Es decir, el fin de este proyecto económico, geográfico y político no está 
limitado a una conclusión, por ejemplo, hegeliana que es en forma lineal y ascendente, 
sino que se configura circunstancialmente con particularidades. 

En su marco teórico encontramos a Kropotkin, que considera, en primera instancia, 
que “el hombre nace bueno” y le agrega cooperativo, discrepando de la idea de 
Hobbes que el “el hombre es el lobo del hombre”. Es por esto, que una de sus 
categorías de análisis la interpreté como ayuda mutua, que desde su naturalismo, 
discurre en la protección de una lucha mutua para alcanzar un bienestar y 
conservación de la especie. Sin embargo Peet no niega que el hombre sea 
competitivo, es más, allí justifica una dialéctica se sentimientos lo que crea un 
equilibrio en el caos que daría una contradicción fundamental para la humanidad. 

En el capitalismo encontramos una desigualdad de la balanza, un desequilibrio del 
caos, inclinado para un solo lado gracias a los intereses económicos de acumulación 
de capitales, una atomización de intereses por condiciones materiales. Nótese así una 
tensión de polaridades encontradas entre las diferencias de clases sociales 
encontradas a años luz una de otra. 

Propone un futuro emancipador, donde la función del Estado se base en la ayuda, 
pero, más que un cambio estructural, lo particulariza a cada agente social que 
revolucione las dinámicas económicas con acciones cotidianas pero que transgreda al 
capitalismo por medio de lo que más sabe hacer, de lo que más le apasiona y pueda 
desencadenar legítima y hasta legalmente un tambaleo al sistema imperante. 

Por otro lado, encontramos que metodológicamente la relación dialéctica entre la 
relación social al lado de la relación natural que constituye una producción de vida 
conveniente. De este modo, la relación ejercida dentro y junto con la naturaleza será 
armónica en la medida que la actividad productiva requiere una división del trabajo, 
cada uno con su especialidad inmersa en una cooperación y en una dependencia del   
conjunto social; dicha relación no puede ser tan tosca basada en egoísmo y en la 
explotación de nuestra naturaleza. Porque se hablamos de egoísmo, lo deberíamos 
ser protegiendo nuestra Tierra, el verdadero problema es la marginalidad de la 
naturaleza para algunos. Entonces, el comunismo es utilitarista y quiere hacer el bien 
al mayor número de agentes sociales “con una concepción trabajadora de sí como 
una extensión a los demás” (PEET, 1988; 341). 

Entre evolución naturalista y dialéctica marxiana Peet suprime el innatismo de 
cooperación (ya que así no habría consciencia de clase porque es instintivo) y amplía 
la idea incluyendo la cultura como herencia social del hombre. De allí el manejo que 
tenemos del espacio, particularmente del lugar y del medio ambiente. 

De lo anterior, la propuesta de Peet es este texto funde y concierta dualidades que 
llevan al anarcomarxismo por medio de una estructura teórica de síntesis entre la vida 
orgánica y el medio natural, la resistencia (que en ciencias sociales ya se entiende 
como colectiva), la historia cultural, la producción descentralizada con un fundamento 
de equilibrio entre polaridades y que replantee las condiciones de alienación como 
medio de control del sistema capitalista. Paso a paso se debe construir, desde 
dimensiones micro en cada agente social que desembocará en una gran escala. 

Los componentes del método socioespacial de la descentralización se justifica en la 
autosuficiencia de cada individuo y colectivo para acceder a las necesidades básicas. 
Agrega Peet la creatividad, la ética del pueblo, la diversidad tanto en la personalidad 
humana como en las formas de ejercer el trabajo se subsistencia; la integración, es 
decir, evitar la segregación ya que todos tienen algo que aportar y por último, la 
humanización del hombre, o sea, dejar de verse el mismo hombre como mercancía. 
Con todo esto, se fija la idea del regreso a la naturaleza. 

Esta idea de regreso a la naturaleza parece ser muy cíclica, como el eterno retorno 
griego pero, si el texto había planteado no dar un último fin, ahora si lo está 
fijando.Volver a la primera naturaleza es necesario, pero es una ardua labor que 
necesita cambios de pensamientos sociales. Esta propuesta es atractiva, un tanto 
ingenua e idealista aunque parte de lo concreto. Sin embargo, está bien constituida al 
plantear una revolución por el lado o en diagonal, es una antítesis con otra 
interpretación que agrega una crítica heterodoxa pero que cae por mostrarse tan 
romántica, aunque represente una nueva relación con la naturaleza siendo parte de la 
misma, en este mundo de fieras imperiales y capitalistas.

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